Una versión tecnocrática del docente, en la que no se cree que el proceso de
diseño y ejecución de los contenidos de los programas de los saberes del
campo económico deba ser una mancuerna, ha hecho que se perciba a los
profesores como simples profesionales preparados para transmitir una serie
de conocimientos aprendidos por él sobre esta área en particular; sin que
importe lo enriquecedor de las diferentes experiencias que puedan aportar
sus discípulos en los escenarios de formación, ni cual sea su cultura, ni las
vivencias en su comunidad respecto a los dificultades económicos, ni
tampoco que talentos tengan para solucionar problemas en relación con los
temas expuestos. Donde se debe destacar el currículo productivo
En ese sentido, “los procesos de la Universidad
tradicional, se vinculan a la práctica del currículo apegado a la clase y la
materia como la base del ejercicio docente y la trasmisión del conocimiento
como proceso de enseñanza” (Ministerio del Poder Popular para la
Educación Universitaria. 2014: 16).
Al parecer, cobran mayor importancia los contenidos que el estudiante como
sujeto creativo; se olvida que el pensamiento es una actividad humana
innata, rutinaria, inherente al ser. Por naturaleza los jóvenes buscan
respuestas y es papel de sus docentes motivar esta actitud y exaltar la
capacidad que ellos tienen para reflexionar críticamente sobre las
implicaciones que tiene en la economía de su comunidad todos los eventos
sociales, financieros y políticos en los que está sumergido el país. Es
responsabilidad del profesor plantearse cuestionamientos sobre lo que se
enseña, como se debe hacer y cuál es su fin último. El proceso de
aprendizaje no debe ser una enseñanza de habilidades o un adiestramiento
simple, sino una educación de seres que formaran parte de una sociedad
emancipada.
Sin embargo, los salones de clases son lugares en los que el control y el
poder se conjugan con las formas de impartir el conocimiento y se convierten
en sitios donde los valores, el discurso y las relaciones sociales envuelven
exclusión. En ellos se legitima la autoridad, la lucha por imponer ideologías,
la sumisión y la pasividad. Se proyecta, muchas veces, a un hombre
indiferente ante las injusticias sociales, políticas y económicas;
deshumanizadas en su compromiso por comprender las necesidades de su
entorno y la lucha por mejorarlas.
Por otro lado, Freire (2004:13) asegura que contrario a lo que
tradicionalmente sucede el docente debe buscar “que el educando mantenga
vivo el gusto por la rebeldía, que agudice su curiosidad y estimule su
capacidad de arriesgarse, de aventurarse”. Este pensador reflexiona sobre lo
importante que es nunca dejar de buscar nuevos conocimientos. El proceso
educativo implica que los estudiantes escuchen las disertaciones de los
profesores de los saberes económicos y decidan debatir sobre las diferentes
posturas, desde sus distintas experiencias y con sus propias identidades
culturales. Un educador que está convencido que tiene la verdad absoluta
sobre estos temas avasalla la tendencia crítica de sus estudiantes, no
permite que estos desarrollen su interés por investigar y por ser autónomos
en la construcción de su propio pensamiento y en la propuesta de soluciones
a dificultades cotidianas.
Además Freire (2004:12) plantea que “quien forma se forma y se re-forma al
formar y quien es formado se forma y forma al ser formado”, por lo tanto el
docente del los saberes económicos no es el propietario del conocimiento,
sino por el contrario debe auspiciar en sus discípulos su propio
discernimiento. Ser maestro no es tomar un cúmulo de ideas y vaciarlas en
un hueco en el cerebro de sus estudiantes, más bien es aprender junto a
ellos. Es compartir en un mismo escenario de formación la visión de cada
uno de los actores sobre el aparato económico productivo, los servicios que
el Estado está en capacidad de dar y las respuestas a las necesidades de los
ciudadanos, por ejemplo. Los pensamientos no son estáticos por lo que un
catedrático no termina nunca de aprender. Un pedagogo curioso colabora
con sus alumnos en el perfeccionamiento de su imaginación, su percepción,
su capacidad de confrontar ideas.
Está claro que esta postura para enseñar requiere que el profesor de los
saberes económicos permanentemente este abierto a asumir desafíos
respecto a las vinculaciones educativas dentro del salón de clases con las
transformaciones del sistema económico y la seguridad social. Esto implica
tomarse el tiempo para escuchar lo que tienen para decir sus estudiantes y
respetar su noción del mundo. Educar no es sólo tener una metodología,
también conlleva atreverse a reconocer lo nuevo, lo que es diferente, a
aceptar la crítica, la rebeldía contra la imposición, deslastrarse de posturas
ingenuas para formar individuos que se conecten con sus sociedades.
Cada momento histórico ha tenido su propio sistema educativo adaptado a
sus necesidades económicas. Al presente, la adecuación requiere
transformaciones educativas, negociaciones entre los beneficiarios de la
enseñanza e innovaciones en los escenarios donde se efectúa la formación.
Bourdieu (1990:245) se refiere a este espacio social como un campus a
“cuya necesidad se impone a los agentes que se han adentrado en él, y
como un campo de luchas dentro del cual los agentes se enfrentan, con
medios y fines diferenciados según su posición en la estructura del campo de
fuerzas, contribuyendo de este modo a conservar o a transformar su
estructura”.
En un campus participan varios agentes (individuos). Estos echan en
posición de dominación o subordinación para obtener un capital. Pero esos
agentes tienen un habitus que representa su carga subjetiva, lo que está en
su interior. Por lo tanto, el individuo tiene una estructura objetiva
representada por el campus (escenario de formación) y el capital (nuevo
conocimiento, reconocimiento y relaciones) y una estructura subjetiva en la
cual el agente se relaciona con su interior, su percepción, su visión del
hecho, lo que sabe desde lo vivido.
En ese sentido, en las universidades se presentan diferentes escenarios de
formación en los que participan docentes y estudiantes y cuyo fin es la
obtención de nuevos conocimientos. Para ello, es importante que se tenga
claro en calidad de que se desea intervenir en el proceso; con una postura
dominante participando en su propia formación, interviniendo en la
construcción del nuevo conocimiento, buscado soluciones a los problemas
sociales y económicos en las que está inmersa la comunidad a la cual
pertenece o con una posición subordinada recogiendo las semillas que el
docente les da, sin críticas, sin reflexiones, sin aportes y sin saber para que
usar ese nuevo conocimiento, sin mostrar lo que sabe del tema y como
pudiera incorporarse a la estructura final de lo aprendido.
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