miércoles, 17 de febrero de 2021

LA PRODUCCIÓN VISION DE CAMBIO EDUCATIVO.


 






Para poseer una visión crítica, que trascienda la caracterización simplista es

necesario enfrentar el laberinto de problemas y los retos que requieren

contestaciones en forma de verdadera transformación,  de  la  

educación   mediante   un esquema productivo  real  e  innovador. 




Por lo tanto, en

palabras de Peñalver, L. (2017: 3)

Los procesos de gestión y de  producción que requiere la educación (léase también:

formación) venezolana en general y la educación universitaria en

particular, exigen desplegar teodolitos epistemológicos que

permitan visualizar los accidentes, las rugosidades topográficas de

lo que ha venido siendo y lo que de cierta manera es lo educativo

venezolano. Ahora, tal acercamiento a ese complejo campo de

problemas, no sería conveniente calificarlo, exclusivamente, como

un estudio situacional o un análisis de situaciones, un profundo

estudio diagnóstico y ... tarea culminada. El asunto, más bien, hay

que colocarlo en una perspectiva de máximo interés institucional,

de referencia actitudinal de quienes estamos involucrados, de

pulsión ética, de concebir y excitar nuevas experiencias, de

auténtica voluntad  y  labor   productiva.


Esto debido, a que la formación educativa, es sin duda una manera de

existir, de forjar espacios para la ecuanimidad, la libertad, las disputas, la

severidad, la inseguridad, la política, el subjetividad, la crítica, el especular,

las inquietes, etc. Formar para transformar, puede generar nuevos aspectos.

Los saberes parcelados no permiten estudiar el todo y necesitan de una

discusión creativa. Una distinta formación lograría favorecer la búsqueda de

una nueva orientación de las instituciones universitarias. En donde la

formación, tenga la perspectiva de una nueva práctica de existir, con

pertenencia e independencia; para fortalecer espacios de formación donde

ciencia y cultura coexistan.


Es la formación el arte de la coexistencia y centro de vida, en que cada

pensamiento, cada suceso, cada instante transita sobre escenarios de

libertad. Imaginándose una independencia diferente, concebida como

soberanía, como autonomía, como un hecho que modifica, transforma al

estudiante en alguien diferente. Es vivir con valores (tolerancia,

transculturalidad y dialogo), involucrando responsabilidad ética, aceptando

muchas realidades, el coloquio creativo entre disciplinas, aproximándose al

dogmatismos y a la prácticas, reuniendo la utopía y el sentimentalismo como

promotor de saberes.


La sociedad pide profesores que en su trabajo cotidiano efectúen más que

un traspaso de conocimientos. El hecho de enseñar envuelve interacciones

más complejas que involucran una serie de símbolos, afectos, valores,

comunicación entre otros. De allí que los escenarios de formación en los

saberes económicos requiere de un educador que sea competente para

asistir a sus aprendices en su proceso de aprender a actuar, pensar y

desarrollarse como ser humano y vincular la creación del nuevo conocimiento

a las comunidades adyacentes, a la búsqueda de soluciones a sus

problemas y a la generación de una mejor calidad de vida. No obstante, se

evidencia que en los espacios de formación la existencia de una influencia

dominante, por parte del docente, de este en el reforzamiento de respuestas

explicitas y controladas.


La idea de que el maestro es un modelo de virtudes, un manantial de

sabiduría desde el cual sus alumnos aprenderán capacidades y habilidades

para afrontar sus compromisos laborales es obsoleta. Cuando un docente

aporta sus conocimientos, en los saberes económicos, lo debe hacer desde

la humildad de esperar que sólo sean punto de partida para promover en sus

alumnos inquietudes por ampliar el tema, por buscar herramientas que les

permitan vincular esos nuevos conocimientos con los problemas que lo

rodean y lo más importante llevar esos aprendizajes hasta donde tengan un

impacto social positivo.


En concordancia con esta postura, Giroux (1990:31) sostiene que “el

creciente desarrollo de ideologías instrumentales que acentúan el enfoque

tecnocrático tanto en la formación del profesorado como de la pedagogía en

el aula”, es un inconveniente que hace que el conocimiento que se transmite

en el aula de clases sea igual para todos los alumnos y que además sean

examinados de la misma manera haciendo a un lado el aporte que tanto

docente como estudiante le pudiera ofrecer a la ciencia a través de un

discernimiento intelectual, creativo y critico. Para Giroux (1990: 39) el

profesor es un “receptor pasivo del conocimiento profesional y apenas

interviene en la determinación de la sustancia y orientación de su programa

de preparación”; es decir, es un sujeto que repite mecánicamente lo

instrumentado por otros, un maniquí que no tiene autonomía en el desarrollo

de la planificación académica y está atado a un curriculum que no permite

ser criticado, ni discutido, ni puesto en tela de juicio, sólo hay que aplicarlo.


Son entonces los contenidos de los saberes, en nuestro caso, económicos

cadenas de fuerza que son informados por los docentes a los alumnos, sin

que medie alguna forma de pensamiento crítico, reflexivo, participativo e

innovador. Giroux(1990:171) sostiene que existe una predisposición a

mecanizar la labor docente simplificándola a “gestionar y complementar

programas curriculares en lugar de desarrollar o asimilar críticamente los

currículos para ajustarse a preocupaciones pedagógicas específicas”. Según

esto, el docente se limita a ejecutar los contenidos programáticos en el

campo económico y a evaluarlos según está establecido; convirtiéndose en

responsable de formar sujetos que no se involucran activamente en los

cambios sociales y no estarán formados para las funciones requeridas en un

entorno democrático ni en su ámbito territorial. Debe ser entonces, el

docente, una persona que constantemente inculque en sus aprendices

pensamientos de cambios productos de una evaluación de su habitad donde

están sumergidos.


Sin embargo, la enarbolada autonomía del docente para generar estos

propósitos de cambios no es más que una palabra muy utilizada en los

discursos porque en la realidad en el aula de clases no se enseña el valor de

la transformación social, el compromiso que se tiene en la construcción de

relaciones democráticas y equitativas con todo el territorio circundante, no

existe otras alternativas a las formas de enseñar y trabajar en el salón, el

profesor se limita a proporcionar conocimientos sobre una rama del campo

económico; convirtiéndose en quien ejecuta la metodología preestablecida

que no genera en los estudiantes el interés por introducirse en las formas de

vida que componen su entorno educativo.


Por años, el ser humano se le ha educado para desarrollar destrezas y se

mató su pensamiento, su capacidad de reflexionar sobre la causa de las

cosas, se le cerceno la oportunidad de participar activamente en su

formación y no debido a la falta de iniciativa de cambios, sino porqué al

poder económico y político no le convenía otras posturas educativas, que se

involucrara con sus vecinos y trasladara el saber popular a las aulas de

clases para desde su perspectiva y sus acciones les dieran sentido a la

práctica social. Cada corriente política nueva establece reformas que no

corresponden a las necesidades de los alumnos ya que ellos no son

consultados para hacerlas. Históricamente, las reformas no han tomado en

cuenta el papel que debe representar el estudiante como líder, como fuente

de cambios en sus comunidades, como individuos críticos, sino por el

contrario se ejecutan supuestas transformaciones que no son más que

objetivos diseñados por expertos ajenos a las realidades que se viven en los

escenarios de formación, en las comunidades y en los hogares de los

estudiantes diariamente.


La oscuridad en el camino a transitar, necesita una nueva perspectiva de la

formación en la estudiante, la tan invocada transformación del pensamiento,

la cual converge en infinidad de agendas y disposiciones en la búsqueda de

cambios el proceso de enseñanza y aprendizaje a través de varias voces

donde en las que lo diverso coexiste. Ello demanda traspasar las

afirmaciones de propósito, para ir descubriendo desde dónde percibimos la

formación del estudiante y hacia dónde se tiene que ir con su transformación.

A partir de allí, se diseña el diálogo entre dispositivos fundamentales en lo

humano en el que el conocimiento se aprende de lo diverso. Desde aquí la

formación de los estudiantes tiene que renunciar a la burocratización y a la

escrupulosidad del pensamiento y aproximarse a la pluralidad. Debe

cimentarse en afrontar las dificultades de la comunidad para unir la cognición

a lo sensitivo. Prestar atención a las discrepancias históricas entre la

contexto y la perspectiva que tiene de ella el estudiante, para ir hacia la

exploración de nuevos equipamientos cognoscitivos, formando así una

transformación del conocimiento.

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